5 tácticas para prevenir el bullying en las escuelas

El bullying es una forma de agresión física o verbal en la que un individuo o grupo de individuos genera un daño en otra persona.

Hoy en día este tipo de acoso no se queda en las 4 paredes de la clase o en el patio de recreo, sino que también trasciende a las redes sociales; algo que puede agravar aún más las consecuencias tanto físicas como psicológicas para quien lo sufre.

Este es un problema el cual concierne tanto a padres como a profesores. Y en este blog te vamos a dar a conocer 5 estrategias para prevenir el bullying.

Reconoce el problema

Lo primero que se debe de hacer a nuestros hijos es dar una buena educación, y tomarse este tipo de acoso como un problema serio, y no como “una cosas de niños”.

Debe de existir un plan de acción para reaccionar ante el acoso que se ve día a día, por mínimos que parezcan. Lo que nunca hay que hacer es forzar a la víctima a relacionarse para que haga amigos, puesto que esto creará una sensación de culpabilidad en el niño por lo que le está ocurriendo.

Implicar a los estudiantes

Hay que promover un diálogo amplio y libre con los alumnos englobando el tema de bullying, para ver su postura y su actitud ante el tema, así ningún estudiante se sentirá indiferente ante el problema.

Que todos los estudiantes sean activos

Este punto va dedicado para los conocidos como los “observadores”, los cuales, al realizar diálogos como el que hemos nombrado en el apartado anterior, se van a sentir involucrados con el problema y van a pasar de tener una actitud de indiferencia a tener una actitud activa en contra de los acosadores.

Fomenta el respeto y la inclusión 

Hay que generar un ambiente de respeto en clase para que todos los alumnos sean valorados y no se sientan desplazados en ningún momento. El profesor ha de tener una actitud  abierta y tolerante, dando a ver a sus alumnos que pueden confiar en él en todo momento.

Atención a los acosadores

Al igual que las víctimas del bullying reciben ayuda, los agresores también deben de hacerlo, para averiguar el motivo de su conducta y reorientarla, disminuyendo así su actitud agresiva.

Muchas veces este tipo de actitud se debe a una carencia en la educación que le han creado inseguridades, de ello a que tengan la necesidad de sentirse dominante sobre los más débiles.

Ignorar al agresor y centrarse sólo en atender a la víctima te aporta una solución a corto plazo, pero no a largo.