LA MEDITACIÓN, UN RECURSO PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA

Tenemos la falsa creencia de que la meditación es una práctica únicamente para personas adultas pero esto no es verdad. Enseñar a los niños este tipo de disciplina ayuda a que se relajen, eliminando el estrés y ayuda a que se calmen.

En un colegio de Estados Unidos se ha comprobado la eficacia de esta estrategia y los grandes resultados que ofrece en los más pequeños disminuyendo las respuestas agresivas que tenían anteriormente en todos los ámbitos.

La rutina cotidiana está llena de prisas, tareas, gran cantidad de estimulación y mucho estrés lo que hace no prestarnos tiempo a nosotros mismos y concentrarnos, algo que también le pasa a los más pequeños de la casa.

 

Los motivos para enseñar a los niños esta práctica son los mismos qu e se le darían a una persona adulta. Es importante concentrarnos en nosotros mismos, dedicarnos un rato cada día y, así, poder conocernos más y mejor.  Nos permite ser más conscientes de nosotros mismos y nos ayuda a controlarnos en los momentos de ira. Podemos captar mejor la energía positiva y, de esa manera, transmitirla a los demás.

¿Quién puede enseñar esta técnica a los niños?

Lo pueden  hacer todas aquellas personas que tengan un mínimo conocimiento e interés en la práctica de esta técnica, que conozcan métodos sencillos y que hayan practicado esta estrategia anteriormente. Es importante que cuando se enseñe esta técnica se crea en los beneficios que ofrece.

¿Qué beneficios da a los niños?

Sabemos que el objetivo que tiene esta práctica es la relajación plena de la persona, centrándose en un aspecto en concreto: respiración, un objeto, un pensamiento…

Reducción del estrés, de la ansiedad y la impulsividad o el aumento de la concentración, de la capacidad de autocontrol, de la autoestima, del descanso y la seguridad en uno mismo son algunos de los beneficios que la meditación ofrece.

Adecuarla a la edad

Aunque la meditación, como hemos dicho anteriormente, es aplicable a todas las edades, los ejercicios o prácticas a realizar no van a ser las mismas, se debe adaptar a la edad del practicante.

Hasta los 6 años aproximadamente: La realización de juegos que ayuden a centrarse en un paisaje o en un objeto puede ser una buena opción.

Hasta los 11 años aproximadamente: Las técnicas de relajación progresivas o juegos de imaginación potenciarán esta práctica.

Hasta los 18 años: A esta edad se pretende que la persona haya cogido el hábito de utilizar técnicas que ha ido aprendiendo durante su niñez y explorar aquellas con las que se sienta más cómodo.

En conclusión: es importante plantear la meditación a los más pequeños como un juego, dejar que experimenten con la capacidad de imaginar, que desarrollen su curiosidad y se sientan libres.